El vacío que deja una muerte
El viernes amanecía nublado a través de mi ventana. Y algo o alguien se ha empeñado en que el cielo luzca cubierto en todos los aspectos posibles. ETA ha reaparecido en Arrigorriaga y ha fallecido Vicente Ferrer.
Podríamos decir que el Telediario de este mediodía no era apto para cardíacos. La crudeza de una bomba lapa acaba con la vida de un inspector de la Policía Nacional, frente a la impotencia de sus vecinos por no poder salvarle y de su mujer por saber que él era el afectado.
Vicente Ferrer es el ejemplo silencioso de la cara buena de la vida. El hombre que, dejando pequeño aquello de pasar de puntillas, hizo grande una labor. Ayudó a los que estaban al otro lado de la pobreza.
Su paraguas le acompañó hasta hoy. Los que vieron la bondad del ahora anciano adorable y luchador lloran su muerte. Y valoran lo que hizo por ellos y lo que queda por hacer en todo el planeta.



migueltesorillo dijo
Vicente Ferrer estara a la izquierda de Dios riendose de los bramanes, que consiguieron echarle de la India.
19 Junio 2009 | 05:33 PM